Quiero mi libertad

El escape de Jane Johnson con el Comité de Vigilancia de Filadelfia, 1855

Por Lorene Cary
Tomado de The Underground Railroad (El ferrocarril subterraneo) por William Still (publicado por Porter y Coates: Filadelfia, 1872)

A las cuatro y media de la tarde, el miércoles 25 de julio de 1855, un niño llegó fuera de aliento, a la oficina de William Still en Filadelfia con la siguiente nota:

Estimado Señor Still: Venga al Hotel Bloodgood lo más antes posible puesto que aquí se encuentran tres esclavos fugitivos que quieren su libertad. Su amo está aquí con ellos y están en ruta a Nueva York.

El niño había corrido emocionado y con miedo cargando el mensaje de una mujer llamada Jane Johnson. Ella había pedido, primero a uno de los trabajadores negros del Hotel Bloodgood, y entonces a otro, que la ayudaran escapar con sus hijos. Ellos habían llegado desde Virginia y este corto descanso en Filadelfia le pareció su mejor oportunidad - quizás su único chance- para la libertad. Aún mientras pedía ayuda, ella agonizaba. Aunque había convencido a su amo, el Coronel Wheeler, a que le permitiera traer a sus dos hijos, él insistió que su tercer hijo, todavía un bebé, se quedara en Virginia. Ella sospechaba que él lo había hecho para evitar que ella intentara escaparse. También sospechaba que él y su esposa pensaban vender al bebé mientras ella estaba de viaje.

William Still leyó la carta y entonces caminó unos cuantos bloques a la oficina de su compañero del Ferrocarril Subterraneo, Passmore Williamson. Williamson y Passmore eran líderes del Comité de Vigilancia de Filadelfia, un grupo de personas en alerta y vigilantes, listos para rescatar a personas que escapaban de la esclavitud mientras pasaban por Filadelfia. Al principio Passmore dijo que tenía planes de negocios ya programados y que pensaba viajar a Harrisburg esa misma noche. Pero, después de que William Still se fuera, Passmore cambió de idea. Mandó un telegrama y canceló su reunión y entonces corrió tras William. Juntos los dos hombres corrieron al hotel.

Pero "los tres fugitivos" - Jane Johnson y sus dos hijos- ya se habían ido. Su amo los había llevado a tomar el barco ferry hacia Camden, New Jersey para entonces tomar el tren a Nueva York. William y Passmore entonces corrieron a la calle Dock con la esperanza de parar el ferry antes de que se fuera.

Entonces, allí, en el puente superior del ferry vieron a una mujer alta con dos niños sentada con su amo. Muy nerviosa, ella miraba sobre las cabezas de los otros pasajeros, como si esperara a alguien. Los hombres de la Vigilancia subieron los escalones al barco. William fue directamente a la mujer y le habló. El no sabía ni su nombre.

-¿Viaja? -le preguntó

-Sí. - ella respondió.

-¿Con quién? -

Ella miró hacia el hombre sentado a su lado. Como respuesta, el hombre inquieto en su asiento le habló a ella al oido. William miró al hombre y le preguntó
-¿Ellos les pertenecen? -
-Sí - El respondió. -Están bajo mi cargo-.
Mientras hablaban Passmore usando sus ojos les señaló a cinco porteros Afro-Americanos que trabajaban en el muelle a que subieron al barco. Le pareció a Passmore que él y su compañero iban a necesitar ayuda.

Calladamente, para que nadie se diera cuenta, los porteros caminaron lentamente hacia el conflicto. Passmore y William se miraron y señalaron con la cabaza. Entonces, William Still le habló a Jane Johnson en una voz determinada y fuerte como si diera un discurso a todos los pasajeros del barco y a los trabajadores que observaban desde el muelle. -Según las leyes de Pennsylvania Usted tiene derecho a su libertad, visto que su amo la trajo a este Estado - .

El amo interrumpió -Ella entiende todas las leyes-.

Pero William no permitió que lo callara. -Si Usted prefiere la libertad a la esclavitud, y supongo que todos la preferimos, tiene la oportunidad de aceptarla ahora -.

-Por supuerto que ella está libre y puede irse cuando quiera - interrumpió el amo -Pero ella va a visitar a unos amigos en Nueva York-. En verdad ellos iban a Nueva York para entonces tomar un barco a Nicaragua donde el amo trabajaba para en gobierno de los Estados Unidos. Jane no conocía a nadie allá.

-Tranquila- continuó William Still, - No tema a su amo - Usted tiene el mismo derecho a la libertad que nosotros o que él-.

-Ella tiene otros hijos en Virginia- advirtió el amo. -de los cuales sería difícil, muy difícil separarse -.

El se refería a su bebé a quien pensaba vender. Otros pasajeros empezaban a gritar su apoyo y sus opiniones. Un hombre les dijo a los hombres de la Vigilancia que los dejaran ir ya que Jane y sus hijos eran propiedad del amo. Otros no estaban de acuerdo; le dijeron a Jane que se fuera con Still y Williamson - que se fuera mientras tenía la oportunidad.

-Decídase- continuó William, - Será protegida por la ley -. El se refería a las leyes de Pennsylvania. La ley federal de los Estados Unidos a lo contrario prometía regresar a las personas que se escapaban - y hasta contrataba oficiales y guardias para cazar a los fugitivos.

Finalmente, Jane habló -No soy libre- dijo -pero quiero mi libertad. Siempre he querido ser libre, pero él me ata -.

-¡Ella es libre! - gritó su amo - Yo le iba a dar su libertad -.

La campana del ferry sonó En unos momentos salía el barco. Williams le tomo el brazo a Jane -Venga - le dijo. -Váyase, váyase - alguien le dijo a Jane.

Entonces empezó, primero en un acto sencillo de resistencia, Jane parada firme. Entonces empezó la confusión. El hijo mayor de Jane parado a su lado sabía muy bien la fortaleza y el peligro de la decisión de su madre. El cogió la mano de su hermanito.

Entonces Wheeler, el amo, saltó y trató de agarrar a Jane. Los porteros a quienes Passmore había pedido que hicieran guardia, agarraron a Wheeler mientras Jane le tomó la mano a William Still y Passmore ayudó a los niños. El niño de siete años quedó tan asustado que empezó a llorar y otro pasajero lo tuvo que bajar.

Otros pasajeros del ferry se quedaron y empezaron a formar un gentío. Alguien, referiéndose a Wheeler, gritó: - ¡Túmbenlo, túmbenlo! -

Pero los hombres de la Vigilancia y los porteros resistieron cualquier violencia que sentían. Resistieron la violencia del dominio del amo y de las leyes que hacen a algunos Americanos más poderosos y más humanos que a otros. A pesar del amo que gritaba y su hijo que lloraba; a pesar del bebé que dejó en Virginia y a pesar de la amargura que amenazaba con cerrar como una cortina sobre todas sus esperanzas en alegrías futuras, Jane bajó del barco con plena determinación y subió a una carroza que la llevaría hacia la libertad.